jueves 19 de noviembre de 2009

Música y Cine


Música

Exposición permanente, de Ama.
Y. , de Bebe.
Aeropuerto, de Cooper.
Give me fire, de Mando Diao.

Cine

The Visitors, de Tom McCarthy.
Vacaciones de Ferragosto, de Gianni Di Gregorio.
El secreto de sus ojos, de Juan José Campanella.

miércoles 18 de noviembre de 2009

Zapatos italianos


Siempre me siento más solo cuando hace frío.
El frío del exterior me hace pensar en el de mi propio cuerpo. Me veo atacado desde dos frentes. Pero yo no dejo de oponer resistencia contra el frío y contra la soledad. De ahí que, cada mañana, salga a cavar un agujero en el hielo. Si alguno me observase desde la helada bahía con unos prismáicos, creería que estoy loco y que lo que hago es preparar mi propia muerte. ¿Un hombre desnudo en el gélido frío invernal, con un hacha en la mano cavando un agujero en el hielo?

Zapatos italianos. Henning Mankell.

viernes 11 de septiembre de 2009

Escritores Tendidos LBA2 (y 3)



Me pregunto qué hay de malo en mirar a las muchachas. Si no desean que las miren, ¿por qué se exhiben de ese modo? ¿Qué otra cosa pretenden sino la muda reverencia de los desgraciados como yo? Carne joven, carne fresca. Tan expuesta, tan cercana y tentadora. Y, con todo, tan lejos de mi alcance. Y no se trata sólo de mis obligaciones como hombre casado. Existe, además, el fuerte tabú social según el cual sólo debemos desear a los de nuestra edad. Los jóvenes con los jóvenes, y los viejos entre sí. Si un viejo se lía con una vieja, la gente sonríe, pero nadie se escandaliza. El que dos jóvenes copulen hasta desfallecer nos parece lo más natural del mundo. Pero si un viejo toca a una joven, incluso si la mira con deseo, ahí viene el problema. Porque entonces la sociedad desatará a sus perros. ¿Quién inventó esta gigantesca hipocresía contraria a la naturaleza y a la lógica? ¿Acaso no es la carne joven la más tersa, fragante y deseable? ¿Qué tiene de malo desear lo mejor? Por el amor de Dios, ¿adónde fue a parar la vieja aspiración humana a la belleza? Porque nada puede haber tan hermoso como esa pelirroja que me he detenido a contemplar, la que ahora se agacha para recoger los folios que han caído de su carpeta. Nada tan bello como ese culo realzado por los vaqueros, cuya bajísima cintura me revela la hendidura de las nalgas, y la cinta rosa del tanga hundiéndose entre ellas como una sonda en las profundidades de una mina de oro. Sin embargo, una absurda prohibición me impide aspirar a poseer semejante hermosura. Sólo los jóvenes codiciarán la carne de los jóvenes. Y los viejos, que se jodan. ¿Es que acaso Yahvé dijo tal cosa en el Sinaí? ¿Tienen acaso los jóvenes otra cosa que ofrecerle al mundo que no sea la tersura de sus pieles, la muelle firmeza de sus carnes, el vigor de sus sexos? ¿Qué mejor gourmet que un hombre maduro para saborear un cuerpo juvenil, como el de esa pelirroja, que acaba de apercibirse de mi escrutinio y me devuelve la mirada con una mueca de sorna? «Mirarás pero no tocarás», parece estar diciéndome. Y tiene razón, la muy hija de puta.


Eloy M. Cebrián.
Los fantasmas de Edimburgo.


* * *



EL AROMA DE LAS PALABRAS (1)


Javier intentó enamorase de otras mujeres, pero ninguna pasó de ser una amante ocasional. Así, que, ganada nuestra confianza, dejó atrás las narraciones de los muertos, el recuerdo de su esposa, y se puso a recordar los matices más notables de sus amantes.
La lista era realmente extensa y curiosa. Javier tenía la costumbre de fijarse en un detalle importante de la persona que tuviera enfrente, y para toda la vida, Javier recordaría a esa persona por esa característica. Nos habló de AAA. AAA, más que una amante, era una madre. Javier se mostraba ante ella como un niño indefenso, y dejaba que ella lo acostara, lo arropara, lo bañara, le leyera cuentos, incluso que lo pusiera a mear. Nos habló de BBB, que sufría narcolepsia. A mitad de una discusión trascendente, en una entrevista de trabajo, o a la hora de hacer el amor, de repente se quedaba durmiendo durante unos minutos, sin avisar. “Al principio me esperaba a que espabilara”, nos decía, “pero luego seguía moviéndome sobre ella aunque estuviera durmiendo, y a veces me corría y no se enteraba, y otras se despertaba y seguía sacudiendo las caderas por inercia, sin saber con certeza ni dónde ni con quién se encontraba”. Nos habló de CCC, que se pasaba la mayor parte del tiempo sentada en el retrete. Hacía de vientre cuatro veces al día, de manera escandalosa, por el volumen y el sonido. Javier le había comprado una flor, de ésas de plástico que bailan cuando advierten ruido alrededor. CCC había colocado la flor en el cuarto de aseo, sobre el toallero, para alegrar el ambiente, ya que la ausencia de luz natural consentía exclusivamente la existencia de plantas artificiales. “El caso es que era preciso cambiarle las pilas, a la flor, cada tres días. Ya me entendéis”, nos dijo, haciendo el gesto de levantar el trasero y dejar caer un efluvio. También nos habló de DDD, quien le susurraba palabras al oído en francés mientras hacían el amor. Y de EEE, que tenía una mancha entre los senos con forma de camello.
Yo no tardé en aburrirme de sus historias, pero Inés le prestaba atención. Le prestaba tanta atención que había noches que saltaba de nuestra cama y se metía en su dormitorio. Y salía a la mañana siguiente, muerta de sueño. A veces llegaba a casa y me la encontraba medio desnuda, sentada en el sofá, sin preocuparle que Javier estuviese presente. Finalmente las sospechas se hicieron realidad. A las cuatro de la madrugada sentí la mitad de la cama vacía, y los gemidos de Inés en la habitación de al lado.
La estación de los lamentos. La galería de los caracteres. El chirrido de las ilusiones a lo lejos, sobre la necrológica de las pulsaciones. Luego, la maldita música del ayer.


Anselmo Gómez.
El sueño de las ballenas.



EL AROMA DE LAS PALABRAS (2)


El idioma de las arterias. En la rendija de mi tristeza se amontonaban los meses de soledad y las canciones calladas, la mercancía de nuestras manos a la deriva. Si hubiese tenido suficiente paciencia para abordar su cintura, la de Inés, la fuerza suficiente para plantar mi semilla en su pecho, el aliento de los intervalos hubiese penetrado cualquier orificio de su cuerpo, y de su alma, y hubiese revelado un cosmos herido pero repleto de esperanzas, disparatado y salpicado de la lluvia de mis álgebras más humanas.
Inés se había acostado con Javier. Él mismo lo reconoció. “Sólo un par de veces”, me dijo, por si el número me importaba. Entre ellos no hubo jamás palabras de amor, ni besos de amor, ni caricias de amor. Sólo sexo y necesidad. Los dos lo sabían desde un principio. “Lo hizo para calmar mis temores y mis depresiones”, me dijo. Sin embargo, Inés descubrió en mis escritos que yo amaba a otra persona. Y eso, para ella, era la peor de las infidelidades, era la infidelidad del corazón, la del sentimiento.
“Has tenido entre las manos a la mujer ideal”, me decía Javier. “Y la has dejado escapar”. Lo aparté de mi lado de un empujón. Quería estar solo. Quería llorar. Quería encontrarla.
Y pasaron los días, y los meses. Y me rocié el cuerpo con esencia de sándalo, para despertar su olfato. Y publiqué finalmente un libro. Y tuve otras amantes. Pero ella no volvió a cruzarse en mi camino. Y mira que todos los días la buscaba. En cualquier rincón, en cualquier auditorio donde ofreciese conferencias. En las horas previas a la disertación salía a la calle de manera secreta, y recorría todas las librerías, examinando mis libros, buscando un ejemplar al que le faltase una página, para confirmar así su presencia en esa ciudad.
Comencé a perder peso de manera alarmante. El cartel de su ausencia saturaba tantos mis ojos que no podía cerrar los párpados. Y era doloroso. El médico me recetó unas pastillas. Pero ese imbécil no conocía nada de Inés. En la soledad del hotel, en los rostros anónimos de la gente, en las estancias destripadas de mi casa, echaba de menos el momento en que cerraba los ojos y sólo veía sus labios. Me pasaba el día sumergido en el agua de la bañera. No necesitaba el mar para sentir las algas del fondo.
“Un día abrí las manos y ella se había marchado”, le dije meses más tarde al marido de Rosa.
En los rincones de casa no había bellas ilustraciones ni hebras de su cabello. No había cómodas ventanas donde apoyarse, ni botellas de dudas o ambientes recargados. No existían muebles antiguos ni pedazos de piel que acariciar. Corría de un lado a otro de mis recuerdos y siempre acababa estudiando sus labios. El mordisqueo de su amor, la asfixia de su aliento, el delantal blanco de sus encías, las alas de la lluvia, el cielo raso de su garganta, el brazalete de su piel. Cualquier sitio de casa, a cualquier hora, era una máquina de telegrafiar que se había vuelto loca y escupía enormes letreros de palabras inmaculadas que me hablaban de amor, que me hablaban del milagro perdido de sus labios... El botón plegado y calado y necesitado de su boca.


Anselmo Gómez.
El sueño de las ballenas.


Escritores Tendidos.
Instalación literaria para LBA2, de Anselmo Gómez.

Escritores Tendidos LBA2 (2)


EXPECTO PATRONUM

En “Harry Potter y el prisionero de Azkaban” hay un momento memorable. El profesor Lupin le está explicando a Harry el potente hechizo denominado “Expecto Patronum”, magia avanzada: “...una especie de fuerza positiva, una proyección de las mismas cosas de las que el dementor se alimenta: esperanza, alegría, deseos de vivir...”. Para invocarlo con la suficiente potencia, el mago debe concentrarse con todas sus fuerzas en un solo recuerdo de mucha alegría. Harry lo intenta en varias ocasiones y fracasa. Los recuerdos que escoge no son lo suficientemente fuertes: la primera vez que montó en escoba, la victoria del equipo de quidditch de Gryffindor en la Copa de las Casas... Pero, por fin, encuentra un recuerdo adecuado para un “Patronum”. Ni siquiera está seguro de que sea un recuerdo. “He pensado en mis padres, veía sus rostros… ¡charlaban! Es el recuerdo que elegí. No sé siquiera si es real, pero es el mejor que tengo.”

Cuando vi la escena en el cine, me pregunté qué recuerdo escogería yo para un patronum. Y hoy, 21 de enero de 2008, noche de luna llenísima, mientras acaso Lupin merodea convertido en hombre lobo por los bosques de Hogwarts, lo he encontrado (él me ha encontrado a mí). Un recuerdo poderoso: mi madre y yo atravesando el parque de Abelardo Sánchez por la noche, de vuelta a casa.

Ocurrió dos o tres veces, no más. En ocasiones, visitando a los abuelos, se nos hacía de noche. Para regresar a casa, había dos caminos: o bordear el parque, y tardar mucho más tiempo, o atravesarlo. El parque, a esas horas, imponía. Se hablaba de atracos (yo mismo fui atracado un par de veces), de gente oscura que rondaba los urinarios, de pandillas que abandonaban los barrios marginales al caer la tarde... Aun así, nos animamos y lo atravesamos.
Hacía frío y la oscuridad de la ciudad se volvía más densa en el parque. Ese frío y ese miedo me hacían apretar con fuerza la mano de mi madre, unirme a ella, no sólo físicamente. Acelerábamos el paso, invadidos de presentimientos. Pero también recuerdo alegría. El hecho de saberme unido a mi madre, protegido y protector a la vez, provocaba un sentimiento hondo de intimidad compartida, a la vez que una suerte de ebriedad ante el supuesto peligro. Dejábamos atrás la Cruz de los Caídos, seguíamos por el paseo hacia el colegio de San Fernando, pasábamos cerca de los temidos urinarios y, finalmente, salíamos a las luces de la calle Capitán Cortés. En el trayecto casi nunca nos encontramos con nadie, y, si veíamos a alguien venir, cogíamos otra dirección. Entre sonidos de aves nocturnas y crujidos de ramas me sentía como Frodo atravesando la larga oscuridad de Moria, en compañía de Gandalf y su vara luminosa.

Sí, este recuerdo, tan pequeño, tan sedante y humilde, serviría, sin duda alguna, para convocar un “Patronum”. Me pasa como al bueno de Harry, ni siquiera se trata de algo espectacular (no como cuando me dieron dos diplomas de fin de curso en los Salesianos, o como cuando La Librería del Maestro editó mi primer libro, o como cuando marqué un gol desde el centro del campo), pero esta noche de luna se ha abierto paso en mi corazón, como mi madre y yo nos abríamos paso hacia la luz de las farolas, hacia nuestra casa, donde nos esperaba una mesita con brasero, una sopita caliente, alguna buena película en la tele y un sueño oceánico, de esos que ya no volvería a tener después... “¡EXPECTO PATRONUM!”.

Frutos Soriano.
* * *


EL SABOR SOLITARIO

Si trae muy malas notas el mayor,
o el mediano decide no hablarme en todo el día,
o la pequeña ha vuelto
a dejar sus juguetes tirados por la casa.
Si te vas tan deprisa que te vas
sin despedirte, o bien si nos cruzamos
con un amigo por la calle y no
me reconoce, y nos dispersa el tráfico.
También si me despierto a medianoche
después de haber hablado en sueños
con mi padre, que nos dejó hace meses,
como si me llevaran de la mano,
voy silencioso a la despensa
a lamer solitario mis heridas.
Las que no sé curar
de otra manera, a veces
tienen sabor a chocolate.
Arturo Tendero.
* * *
DE LAS ASPIRACIONES DE LAS ALMAS

Si el humo de la mirra
recibe en las alturas
de la nave el reposo,
su bendición,
así también la vida
construye largas bóvedas
que del cielo protegen
al vuelo de las almas.
De la ceniza ambas
levantan su presencia
y elevarse a las dos
las hace puras.
Pero es mejor no hacer
muy largo el vuelo.
El olfato agradece
el cercano perfume;
el alma, purificarse en tierra
por si un cuerpo se abre
y en él, súbitamente, se derrama.

Javier Lorenzo Candel.

Escritores Tendidos LBA2 (1)

LATIDOS DE PAPEL

Si acaso pernoctas en el radio visceral de la agonía. Si se te cansan los ojos y
consigues ver , acaso como una lechuza, el contenido extravagante de la
noche misteriosa.

Si a ti te duele el silencio y a mi me pesan los días. Si el fin se acerca, como una
bestia feroz y asustada al mismo tiempo, hasta arrancarnos los labios o
convertirnos, ya de paso, en objetos ilustrados.

Si al menos pudiera tocarte, sentir en mi humedad la humedad de todos tus
rincones. Si pudiera tan solo rozarte, soñarte, idealizarte, conseguir que en mi
recuerdo habitaran tus brazos, tus piernas, tu espalda ligeramente rojiza tras
conseguir –después de algunos lentos susurros- vencer al adversario que me
mandas con palabras sin garganta, con latidos de papel.


MUDARNOS DE PLANETA

Pensar que existe una estancia común a la vuelta de la esquina. Pensar que no
mas queremos vivir en este mar que algunos llaman Vida. Pensar también que
el naufrago perdió sus coordenadas. Pensar quizás que estás envuelto en el
cemento de un océano muy amplio.

Poder perder mañana el verso que hoy clarea. Poder también permanecer en
el borde de la cama y no dar tiempo por perdido.
O poder quizás romper palabras como se rompen cristales quemar agallas
como se queman postales del pasado o pasar sin demanda sobre la línea que
separa el horizonte de la tierra o pasar vestido de astronauta por delante de tu
puerta para que al fin confíes en la idea de mudarnos de planeta.
David Sarrión.

* * *

AZAR

es cuestión de azar dicen algunos
dicen azar y se olvidan de su suerte
tipos que no suben las persianas
por miedo al día


BOLSILLOS VACÍOS

caminar con zapatos viejos
otro paso que conduce a ningún sitio
hoy la luz no es un sentimiento vivo
ni las cosas objetan reproche alguno

no encontraréis un silencio
en mis bolsillos vacíos


PROTOCOLO

pienso alguna vez en el desorden de las cosas
avanzamos cuesta arriba
con el orgullo singular de las huellas dactilares
la indigencia ignora nuestro disfraz nuevo
y esquivamos los riesgos en ocasiones

aprended pues el protocolo de los camaleones

Ricardo Pérez.
* * *
DE DONDE NO SE VUELVE

Letra y música: Swann (Pedro Gascón, Carlos Martínez,
Ricardo García, Antonio Cifuentes).

A Alberto García-Alix.

Como un camino de ida
pero sin vuelta al corazón,
más dura será la caída
entre imposibles noches de sol.

Sal de tu voz.

Los que regresan son de otros mundos,
yo el mío ya abandone,
pues otros mundos son posibles
con otros ojos, otra piel.

Sal de tu voz.
Sal de tu voz,
sin vuelta al corazón,
la luz de tu desnudo
no vuelve hacia el futuro.
Sal de tu voz.

Y si regreso de tu boca
en un océano de brisa fresca,
me expulsarán del paraíso de las olas
de tus noches enredadas.
Sal de tu voz.
Sal de tu voz,
sin vuelta al corazón,
la luz de tu desnudo
no vuelve hacia el futuro.
Sal de tu voz.

* Del disco ENTRADAS INEXISTENTES (2009).

miércoles 26 de agosto de 2009

Bruselas - Brujas - Gante







Amsterdam